Sábado en el Zócalo

Feria del libro

Caminando con la family un sábado por la plaza de la Constitución, aún con sabor a septiembre y con la acostumbrada cantidad de gente que hay por esos rumbos, aderezado por el señor organillero, el olor a copal y el danzante azteca, nos encontramos con la XIV feria del libro, después de hacer el tradicional recorrido por los diversos stands de las editoriales, frente a palacio nacional en la periferia del mismo zócalo se llevaba a cabo una conferencia; ojalá estuviera Paco Taibo!…le digo a Blanca (mi esposa) en tono de broma, sería capaz de comprar un libro de su autoria y esperarme a que me de su autógrafo, cual seria nuestra sorpresa que si, efectivamente se encontraba Paco en la mesa central  con su comoda playera roja, lentes dorados y bigote poblado pero sin diciplina diria él (autorretrato en Algunas Nubes) acompañado de un colega suyo que francamente desconocimos, esperamos cinco minutos lo escuchamos hablar de politiqueria a su mas puro estilo con sus tradicionales “mentadas de madre”  al gobierno etc., continuamos nuestro camino y te quedas pensando mmmh.. no sabes lo que te puedes encontar a la vuelta de la esquina en esta ciudad llena de contrastes, no compré el libro, no esperé a Taibo y ambos internamente pensamos lo mismo, nos hubiera gustado compartir un poco más la conferencia, cuando de pronto… mamá tengo sed! ,  ya vamonos!! 😄 ahora entiendo. 

Les comparto algo interesante que robe del baúl de Blanca: 

“El libro es capote de torero, paraguas para el sol y la lluvia, escudo contra las flechas de la estulticia, de la imbecilidad que inundan el cielo, el libro es almohada para tener los mejores sueños, cama de clavos para tener las más chidas pesadillas, el libro es pañuelo para las lágrimas, bálsamo para las heridas, el libro es este ladrillo que construye ciudadanía, casas, muros, universos. Somos lo que hemos leído, por el contrario, seremos la ausencia que los libros dejaron en nuestras vidas”

Grupo Planeta

Saludos

Pd. Cabernet Sauvignon (cosecha del 69) 45 años de añejamiento! Gracias Dios por los buenos años y buenos taninos.

 

La belleza

La belleza no es una necesidad, sino un éxtasis.
No es una sedienta boca, ni una vacía mano extendida.
Sino, más bien, un corazón ardiente y un alma encantada:
No es la imagen que ves ni la canción que escuchas.
La belleza es una imagen que ves cerrando los ojos
y una canción que escuchas tapando los oídos.

Gibran Kahlil Gibran (1883-1931)
escritor libanés, en el profeta,
(1923)

La vida es como un Cerillo

Mateo, de dos años y con la energía de un niño feliz, brinca desde la orilla de la alberca y se sumerge dentro del agua una y mil veces sin parar. Se siente muy seguro y confiado gracias a los flotadores que su mamá le colocó a regañadientes en los brazos. Al preparar su siguiente salto al agua, más rápido de lo que pude reaccionar, se quitó uno de los flotadores –decidió que le estorbaba– y lo aventó fuera de la alberca. ¡Splash!, se lanzó como siempre, sólo que sintió la angustiosa realidad de hundirse sorpresivamente. Como en cámara lenta mi mente lo registró y lo saqué tan rápido como pude. Segundos eternos en los que los dos aprendimos la lección. Mateo sobre la utilidad de esos aditamentos que creía una necedad; y la abuela, sobre la fragilidad de la vida. Así somos los humanos.

Decía Borges que no hay un absurdo mayor que la inmortalidad de los dioses, porque cuando crees que vas a vivir eternamente es cuando cometes tonterías.

¡Ah, es cierto! Necesitamos que la vida nos quite un flotador para entonces sí apreciarla. Irónicamente requerimos de las crisis y la fricción, necesitamos sentir el hundimiento, el vacío y tener algún tipo de disonancia, de dolor, porque, paradójicamente, es lo que nos abre a la vida. Ciertamente si estuviéramos en el paraíso, no nos moveríamos nunca. Cuando sientes que te hundes –si algo tiene de positivo– suena la campana para que el alma se manifieste. La mayoría de los que llegamos a los 50 o ya los pasamos, nos hemos tambaleado en alguna área: en el trabajo, la relación de pareja, algún problema de salud, alguna pérdida, un problema con un hijo, algún tipo de adicción o lo que sea, es parte de la vida, aunque la edad no importa sino el dia que que nos quiten el flotador que puede ser a los 20, 30, 50 o 60. Cuando pasas por una crisis ineludible, como por ejemplo, la de la mitad de la vida, una de las cosas que más te pega es darte cuenta de que eres mortal, que has llegado a la cima de tu edad biológica y que, te guste o no, comienza el mediodía de tu existencia. Y al igual que Mateo, sientes que te quitan un flotador. La vida te da un aviso para que la vivas y la disfrutes con intensidad, porque pronto se puede terminar.

Como diría Nietzsche: “La vida no es una mujer seductora; la vida es una mujer que te grita que luches por ser digno de ella. Si no la buscas, jamás te encontrarás con ella”. De alguna manera, alrededor de los 50 años te doblas ante lo implacable del paso del tiempo. Ahora sí, en cada cumpleaños festejas vivir un año más y al mismo tiempo, sientes el pellizco en el estómago porque sabes que significa vivir un año menos. Este punto de quiebre nos ofrece dos lecturas: la primera es la de la pérdida en varios de sus niveles: pérdida de energía, del gozo de la irresponsabilidad, de los desvelos sin consecuencia o de la urgencia por construir un futuro. La segunda es la lectura de una ganancia: un despertar en la mirada que aprecia el mundo de diferente manera y disfruta la belleza del instante, de lo simple;  te das cuenta de que lo que antes te deslumbraba no es en realidad lo que te hace feliz, y de que el momento para ser la mejor versión de ti mismo es ahora. Cuando te quedas sólo con la primera visión es muy probable que la amargura te invada, o lo que es lo mismo, que la vida te quite el otro flotador y te sientas muerto en vida.

Pero, como dijo Nietzsche: “Eres igual que un cerillo, ……para que puedas vivir tienes que consumirte”.

Así es, a ese consumirnos constantemente le llamamos vida. Sólo cuando le damos valor a la muerte, le damos valor a la vida. Es por eso que pasados los 50 años, la vida toma un sentido maravilloso; cómo vivirla es nuestra opción.

TODAVÍA NO LLEGO A LOS 50 PERO ESTOY EN LA VÍA, creo que ya perdi un flotador. ESTE NO ES MIO DE HECHO LO TENGO EN LA  SECCION DE ROBADO, NO SE QUIEN LO ESCRIBIO PERO ESTA INTERESANTE, SALUDOS!